Al terminar esta lección sabrás cómo está construido el método, por qué sigue este orden y qué se te va a pedir.
Respiramos como vivimos. Rápido, poco, arriba, y sin darnos cuenta. Y cuando respiramos mejor, vivimos mejor: no como metáfora, sino como mecánica.
Vas a hacer unas veinticinco mil respiraciones hoy. Otras veinticinco mil mañana. Es, con diferencia, lo que más veces haces en tu vida, y probablemente sea también lo único que haces veinticinco mil veces al día sin haberlo aprendido nunca. Nadie te enseñó. Diste por hecho que venía de fábrica y que no había nada que revisar.
Este curso parte de que sí lo hay.
Por qué en este orden y no en otro
Casi todo lo que vas a encontrar por ahí sobre respiración empieza por el final: cuenta cuatro, aguanta siete, suelta ocho. Técnicas de ritmo y de retención aplicadas sobre un cuerpo que no puede ejecutarlas, porque tiene el diafragma agarrotado y las costillas rígidas. Es como enseñarle a alguien a correr sin mirarle antes los pies.
El método Respiración Natural va de fuera hacia dentro, en tres pasos.
Arquitectura. Primero la estructura. Postura, caja torácica, diafragma, las tensiones que lo tienen bloqueado. Antes de cambiar cómo respiras hay que devolverle al cuerpo la posibilidad de hacerlo. Un diafragma atrapado no obedece a ninguna instrucción, por buena que sea.
Mecánica. Después el gesto. Por dónde entra el aire, qué se mueve, qué debería estarse quieto, a qué ritmo, en qué cantidad. Aquí es donde la nariz recupera su trabajo y el pecho deja de hacer el que no le toca.
Bioquímica. Y al final lo que pasa dentro. El dióxido de carbono, la tolerancia, por qué respirar menos oxigena más. Aquí está el motor real del método y aquí están los ejercicios que más te van a cambiar los números.
Ese es el orden y no se salta. Si alguien te promete resultados empezando por el tercer paso, te está vendiendo la parte vistosa sin la base.
Qué se te va a pedir
Poco, pero todos los días.
Las primeras tres semanas tu única tarea es observar cómo respiras y mantener la boca cerrada. Nada más. Ni ejercicios complicados, ni contar, ni forzar. Observar y cerrar la boca. Suena a poco y es justo lo que hace que el resto funcione.
Después, entre diez y quince minutos de práctica al día, repartidos. Y una medición semanal que te dirá, en un número, si vas hacia donde quieres ir.
El objetivo al final del programa es que tu respiración en reposo baje a unos seis ciclos por minuto, en lugar de los veinte o treinta que probablemente haces ahora. No porque seis sea un número mágico, sino porque a ese ritmo ocurren cosas medibles en tu sistema nervioso que a veinte no ocurren.
Lo que este curso no es
No es un tratamiento. No sustituye a tu médico, a tu fisioterapeuta ni a tu psicólogo, y no te va a pedir en ningún momento que cambies una medicación. Si tomas algo, lo sigues tomando.
Esto es formación: aprender cómo funciona tu respiración y qué puedes hacer con ella. La diferencia importa, y la siguiente lección y la de después la concretan.
Pruébalo ahora
Sin cambiar nada, siéntate y cuenta cuántas veces respiras en un minuto. Una inspiración y una espiración cuentan como una.
No intentes respirar bien. Se trata justo de lo contrario: de ver cómo respiras cuando no estás mirando. Apunta el número. Es el primero de tu diario y dentro de cuatro semanas querrás volver a leerlo.
Ojo con esto
En cuanto empieces a prestarle atención a tu respiración, se te va a descolocar. Notarás que se te hace rara, que suspiras, que no sabes cómo respirabas antes. Es lo más normal del mundo y le pasa a todo el mundo. No es que lo estés haciendo mal: es que estás mirando algo que llevaba décadas funcionando a oscuras.
En la siguiente lección pones por escrito de dónde partes. Es la única vez que te voy a pedir que rellenes algo largo, y es la que hará que dentro de un mes puedas medir cuánto has cambiado.